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Una capital en rosa

Contemplar la primavera tokiota en su máximo esplendor: el hanami

Uno de los periodos más destacados en la cultura nipona tiene lugar en primavera, desde finales de marzo hasta abril, fechas en las que el país se colorea de color carmesí, se viste de una belleza sin igual y deleita a todos sus habitantes y visitantes con miles de atractivos en cada rincón.

En Tokio, según las últimas previsiones anunciadas por la Japan Meteorological Corporation, la floración del cerezo comenzará a partir del día 19 de marzo llegando a su plenitud el día 27 de marzo. Durante esta temporada, las calles tokiotas quedan impregnadas de aromas y colores, incluso después de terminar la época de floración, ya que los cerezos seducen con hermosas lluvias y caminos de pétalos de rosas.
Con el hanami, Tokio brindará a residentes y viajeros una gran variedad de rincones primaverales donde poder disfrutar de un picnic, por ejemplo, en sus parques y fotografiarse con los marcos rosados como escenario de fondo. Por eso, Turismo de Tokio recomienda visitar los parques más reconocidos de la capital.
Parque Ueno Kōen: Se trata de uno de los parques más reconocidos de Tokio y uno de los mejores lugares para contemplar el hanami. Según cuenta la leyenda, los cerezos fueron plantados por el monje budista Tenkai después de la construcción del templo Kaneiji. Actualmente, en el parque se encuentran alrededor de 1.000 cerezos de varias especies, entre ellas yoshino – considerada la más popular desde la era Meiji – y  yamazakura – reconocida como la más silvestre –, que indican el camino de un paseo de nada menos que 300 metros; una opción ideal para tomar un descanso mientras se pasea y se respira aire fresco. Además, al caer la noche, más de 1.000 linternas iluminan el parque invitando a contemplar el cielo estrellado.
Parque Sumida: Este parque, ubicado a lo largo del río Sumida, es uno de los lugares más populares donde contemplar la floración del cerezo. En él se encuentran los “cerezos de Bokutei”, famosos desde la era Edo y a los que los tokiotas guardan especial cariño, ya que fueron plantados por el octavo shogun de la dinastía – persona que gobernaba en nombre del emperador –. A ambas orillas del parque se admiran nada menos que 1.000 cerezos, que componen verdaderos marcos primaverales. Además, el viajero tendrá la oportunidad de observar en el horizonte la famosa torre “Tokyo SkyTree”.
El Jardín Imperial de Shinjuku, Shinjukugyoen: Es un destino muy conocido en Tokio para disfrutar de los cerezos. Desde el mes de febrero hasta finales de abril se pueden contemplar más de 65 especies recogidas en sus 1.300 cerezos aproximadamente. Normalmente, la floración del cerezo comienza a finales de marzo y finaliza a principios de abril, pero la posibilidad de contemplar este fenómeno natural se extiende hasta mediados de abril, donde el visitante tendrá la ocasión de observar la singular especie “Ichiyo”, un cerezo con un color rosa pálido en sus pétalos como si una pequeña gota carmesí se hubiera derramado en ellos.
Parque Rikugien: Construido por Yanagisawa Yoshiyasu, un leal sirviente del quinto shogun durante el periodo Edo, el Parque Rikugien es un jardín tradicional de estilo kaiyushiki que cuenta con  colinas creadas artificialmente y un estanque. Durante la primavera, el jardín invita a los visitantes a disfrutar de los primeros signos de la floración del cerezo junto con una amplia variedad de eventos culturales tradicionales.  Además, se celebra la iluminación del cerezo llorón, un evento muy esperado año tras año que se basa principalmente en la iluminación de cerezo “zakura shidare”, símbolo del parque que mide unos 15 metros de altura y 20 metros de ancho. Durante el día, es un espectáculo por la grandeza y colorido que caracteriza al árbol y por los grandes senderos del parque. Por la noche, abierto hasta las 21.00 horas, conforma paisajes coloreados recién salidos de un cuento.
Foso Chidorigafuchi: Conocido también como el foso del Palacio Imperial, es reconocido en Tokio por la combinación de sus paisajes verdes y sus numerosos cerezos que crean un lugar ideal para el descanso en sus 700 metros de largo. Un total de 260 cerezos de diversas especies, entre ellas “Somei Yoshino” y “Oshima”, se iluminan durante la noche en la oscuridad quedando su reflejo plasmado en el agua y creando espectaculares paisajes. Un must para todo enamorado que quiera sorprender a su pareja con un plan de lo más romántico.

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