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Benalmádena

Benalmádena es uno de los municipios punteros de la provincia de Málaga en el ámbito turístico. Los primeros asentamientos humanos en este municipio tuvieron lugar en el Paleolítico Superior, como lo prueban los restos hallados en las cuevas del Toro, los Botijos o las Zorreras. 

Los fenicios se establecieron en esta zona entre los siglos VIII y VII a.C. –también existen restos de ello en la zona costera-, y más tarde los romanos (fábrica de salazones en Benal-Roma y restos de villas en Torremuelle y Capellanía). Pero fueron los árabes quienes dieron origen a la denominación del municipio. En efecto, el actual nombre parece ser que deriva del sonido árabe Ibn al-Madin, que significa hijos de las minas, en referencia a las antiguas minas de hierro localizadas en esta zona. No es ésta la única hipótesis sobre el origen del nombre del municipio, pero sí la más aceptada por estudiosos e historiadores.

Las tropas cristianas no sólo conquistaron el pueblo, sino que lo destruyeron, y junto a él su castillo, desde donde se ofreció una tenaz resistencia al ejército de los Reyes Católicos. A finales del siglo XVI es repoblado por cristianos viejos, que no consiguieron asentarse en la zona debido, principalmente, a la inseguridad a que estaban sometidos por los continuos ataques procedentes del mar. Las torres vigías que aún existen cercanas a la costa provienen de aquella época.
Con la puesta en marcha de varias fábricas de papel en el siglo XVIII, la zona empieza a recuperar una población estable, que iría en aumento años más tarde con el cultivo de la vid, el cual desapareció a principios del siglo XX como consecuencia de la plaga de la filoxera. El fenómeno turístico, que en Benalmádena empezó en la década de los 60, vendría a impulsar la actividad económica de una manera imparable.
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